domingo, 12 de mayo de 2013

Los heraldos rojos


Hay cogidas en la vida, tan fuertes... ¡Yo no sé!
Cogidas como del odio de Eros; como si ante ellas,
la abstinencia de todo lo aguantado
se empozara en el culo... ¡Yo no sé!


Son pocas; pero son... Abren llagas oscuras
en la nalga más fiera y en la espalda más fuerte.
Serán tal vez los potros de bárbaros Sades;
o los heraldos rojos que nos manda Afrodita.


Son las metidas hondas de los Priapos del alma
de alguna fe adorable que el Destino blasfema.
Esas cogidas calientes son las crepitaciones
de algún deseo que en la puerta del hoyo se quema.


Y el hombre... Coge... ¡coge! Vuelve los ojos, como
cuando por sobre el hombro nos llama una lengua;
vuelve los ojos locos, y todo lo vivido
se empozara, como charco de leche, en la mirada.

Hay cogidas en la vida, tan fuertes... ¡Yo no sé!


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